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5 herramientas que me ha dado el teatro para gestionar mi negocio

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Desde que era muy pequeña, el teatro y las artes escénicas han estado presentes en mi vida. A mi madre le gustaba (y aún le gusta) ir al cine, al teatro, al ballet, a ver musicales… Vaya, que cualquier oportunidad era buena para que pasásemos la tarde del sábado sentadas en la butaca de algún teatro madrileño o complutense.

Para mí, el teatro siempre ha sido, sin duda, una buena manera de entretenerme y desconectar de la rutina de la semana. Pero esa no es la única razón por la que me gusta el teatro. Me interesa mucho su faceta crítica con respecto a la realidad de las sociedades, ya que creo que es una manera muy interesante de favorecer la reflexión individual. De hecho, creo que es precisamente esa reflexión lo que me abre la ventana a otras realidades y, por tanto, me ayuda a desarrollar la empatía.

Sin embargo, hace unos seis o siete años, empecé a preguntarme cómo sería vivir el teatro desde el otro lado, desde las tablas. Recuerdo que alguna vez lo comenté con mi madre y ella me animó a buscar alguna escuela, pero yo no estaba en un buen momento y no me atrevía a dar el paso. Pero, a veces, la vida te pone las cosas en bandeja y no hay más remedio que decir que sí. En 2019, un amigo que formaba parte de una compañía amateur desde hacía varios años, formó un grupo de improvisación con otros colegas y me invitó a unirme a ellos. Aquella fue una experiencia muy positiva, enriquecedora y reveladora.

Sin duda alguna, dos años y una pandemia después, me alegro mucho de haber aceptado aquella invitación. Durante este tiempo, he recorrido un bonito e interesante camino de desarrollo personal que, además, me ha dado herramientas muy útiles para enfrentarme con otra energía a mi día a día de profesional independiente. Tanto es así, que, después de ocho años como autónoma, en 2020 me animé a reinventar mi proyecto profesional y creé Iberian Words.

«Impro como forma de vida»

Aunque esta no es una herramienta en sí, recordarme esta frase cuando las cosas no han salido como estaban planeadas me ha ayudado mucho.

En una obra de teatro, los actores tienen un guion –el texto–, que se aprenden para poder representar la obra ante el público. Sin embargo, a veces la memoria les juega una mala pasada y el guion se les olvida, así que toca improvisar. ¿Y qué pasa? No pasa nada, porque la representación sigue adelante y los espectadores no saben que están improvisando.

Lo mismo ocurre con nuestros pequeños negocios de comunicación y servicios lingüísticos. Está claro que, como en cualquier negocio o pequeña empresa, tenemos que tener unos objetivos marcados, porque si no, esto sería un caos absoluto. Sin embargo, creo que es importante saber «improvisar» cuando las cosas no salen como queríamos o cuando se dan situaciones imprevistas para poder salvar la situación de la mejor manera posible y que la «función» siga avanzando.

Control del estrés y la ansiedad

Esas habilidades resolutivas de la improvisación me han ayudado en gran medida a mejorar el control del estrés y la ansiedad. Antes del teatro, cualquier cosa que se saliese de mi guion, de mis objetivos marcados, me estresaba muchísimo, porque sentía que había perdido el control de la situación. Sin embargo, ahora he aprendido que, en un negocio, igual que en el teatro, no todo está bajo nuestro control. ¡Y no pasa nada! Lo importante es poder llegar hasta el final de la obra, aunque hayas tenido que improvisar un par de frases 😉.

Creatividad

Normalmente, la creatividad se identifica con una forma de expresión artística y, desde que somos pequeños, nos califican como más o menos creativos según nuestras habilidades para la pintura, el dibujo, la música o la danza. De hecho, yo siempre había pensado que no era nada creativa, porque, por ejemplo, la pintura y el dibujo no son lo mío.

Sin embargo, la creatividad va mucho más allá. Es la base para que podamos plantear soluciones ante posibles adversidades. Para resolver problemas y aprovechar las oportunidades, hay que pensar de forma creativa y así poder encontrar ideas útiles y originales. Es decir, si nuestra creatividad está dormida, nos costará mucho más idear soluciones para esas situaciones imprevistas, responder a ofertas de empleo o presentar propuestas a clientes con los que queramos colaborar.

Cuando somos adultos, el miedo y el perfeccionismo bloquean nuestra creatividad. Tenemos miedo al juicio de los demás, a parecer impostores, a no ser originales… El teatro es la mejor medicina para plantarle cara al miedo: encima del escenario no hay juicios y nos ayuda a disfrutar de la imperfección de las cosas, ya que nos permite probar y experimentar. ¡No pasa nada si no sale perfecto!

Trabajo en equipo

En una obra de teatro, todos los participantes son fundamentales. Y no me refiero solo a los actores, también al equipo de dirección, a los técnicos de luces, a los figurinistas, etc. Sin la intervención de todas esas personas, el resultado de la representación que ve el público no sería el mismo. De hecho, es bastante probable que el resultado no fuese tan bueno.

Lo mismo ocurre con nuestros negocios. Como somos la única cara visible, a veces nos olvidamos de que somos una pieza de un gran engranaje en el que todos sus elementos son importantes. ¿Qué pasa si no le enviamos el texto a tiempo al revisor? ¿Y si el revisor no nos devuelve los cambios a tiempo para que podamos enviárselo al departamento de marketing de esa empresa que está a punto de lanzar una nueva campaña multimillonaria? ¿Y qué pasa si esa campaña es un fracaso?

Disciplina

Y precisamente es esa soledad la que a veces puede ser una gran enemiga.

Trabajar sola, ser mi empleada, mi jefa, mi gestora de proyectos, mi responsable de contabilidad y mi responsable de marketing no es fácil. Como ya conté hace un tiempo en un artículo de LinkedIn, ahora me gusta trabajar en mi casa y no lo cambiaría por nada del mundo. Sin embargo, no siempre ha sido así.

Gestionar un negocio (sí, los profesionales autónomos tenemos negocios) requiere mucha disciplina y un alto nivel de compromiso. Y lo mismo ocurre con una obra de teatro, ya que se necesita disciplina y compromiso individual para estudiarse el texto, ir a los ensayos, mejorar la dicción, incorporar las observaciones del director, etc. Sin disciplina, la obra no sale adelante.

Sin duda, el teatro me ha recordado que, a veces, encontramos lo que estábamos buscando en los lugares más inesperados. Gracias a Generación Artes por haberme enseñado que el teatro y el juego son el mejor antídoto para poder levantar el telón todos los días y deleitar a mis clientes con mi mejor función.

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